martes, marzo 27, 2012

Los Guerreros azules de Barsoom

La nave surcaba con velocidad el cielo sin nubes de Barsoom. La nave llevaba ondeando la bandera con el emblema Heliumita y en su cubierta, mirando hacia el horizonte y perdida en sus pensamientos; se encontraba una hermosa mujer de profundos y bellos ojos azules con melena rubia, recogida en una larga trenza que le llegaba hasta media espalda, su voluptuoso y esbelto cuerpo estaba completamente desnudo, excepto algunos ornamentos y adornos de oro y rubíes, y una leve capa de seda para protegerla del aire algo frío de las alturas.
La tripulación se movía por la cubierta superior realizando todo tipo de tareas en la embarcación aérea. Un hombre se acercó y le hizo  una reverencia, era Thoriag Thell, era un padwar[1], jefe de su guardia personal y hombre de confianza de su padre. Thoriag era joven, pero ya experimentado y había ascendido rápidamente hasta ocupar el puesto honorable que defendía desde hacía poco tiempo con una valentía admirable.
—Mi señora, debería permanecer en sus aposentos. —Comentó Thoriag. —Son más seguros para alguien de su importancia.
La mujer resopló con evidente malestar. No le gustaba que la tratasen como una doncella débil e indefensa, no era una muñeca pequeña y frágil que se pudiese romper con solo mirarla, era una mujer independiente y tan capaz como cualquiera.
 —Estoy perfectamente aquí, Thoriag Thell, no te preocupes por mi bienestar, se perfectamente capaz de cuidarme yo sola, y si no fuese así ¿para qué si no tengo a mi lado a la guardia? —Dijo  esbozando una sonrisa irónica.
El jefe de la guardia asintió.
—Como queráis, dama Gladia Lyll.
Gladia se preguntaba si el joven soldado se preocuparía tanto por ella si no fuese por las estrictas órdenes de su padre. Su padre, Turyk Lyll, tenía muchos planes para ella, sin embargo, Gladia ya consideraba sus propios intereses muy ajenos a los  que su padre jamás imaginaria.
Un estruendo ensordeció a la mujer, miró por encima y pudo ver las explosiones que llenaban el cielo, eran cañones enemigos que trataban de derribarlos.
¿De dónde provenían? No se veían naves ni carros de combate en la superficie que lanzasen ráfagas contra ellos.
El cielo pareció distorsionarse, y como aparecida por arte de magia, una enorme y solida nave se materializo por encima de sus cabezas.
La nave era negra como el ébano, y con un aspecto aterrador, como un depredador aéreo dispuesto a destrozarlos.
Los soldados de Helium respondieron contraatacando con una andanada de los cañones de su propia nave, que increíblemente no parecieron hacer mella en el caso de la nave atacante, como si hubiese algo que impidiese que sus armas alcanzasen la nave.
Gladia buscó con su mirada un emblema de Zadonga o algún otro pueblo conocido sin éxito ¿Quiénes eran sus desconocidos atacantes?
—Dama Gladia, debe bajar a la bodega, allí estará más segura.
La mujer se negó en redondo a retirarse, pero Thoriag Thell no pudo volver a repetírselo, ya que su atención se centró en la nave enemiga, donde se abrieron una serie de compuertas, y de ellas descendieron varios cables con garfios por donde docenas de figuras bajaron, abordando la nave.
Eran humanoides, casi más antropoides que humanos, altos, fuertes y fibrosos, con una piel azul clara y cuatro ojos blancos  sin pupilas, lucían una melena espesa y enmarañada, y sus  rasgos eran levemente simiescos, tenían brazos largos y piernas cortas, llevaban encima unas corazas del mismo color ébano que el de su nave, y sujetaban hachas de doble filo.
Elevaron un grito rabioso y enfurecido, que en modo alguno parecía civilizado, si no salvaje.
Se lanzaron contra los soldados Heliumitas, algunos caminando a dos patas y otros a cuatro, como los grandes gorilas blancos.
Con una fiereza y salvajismo tremendo, rompieron las filas de los soldados como el viento barriendo las hojas de un árbol.
— ¡Detrás de mí, dama Gladia! —Gritó Thoriag Thell desenvainando su espada.

En ese momento, uno de los extraños atacantes de piel azul rugiendo saltó como una bestia sobre ellos, Thoriag trazo un arco con su espada, que apenas le hizo una pequeña herida en uno de los largos brazos, el guerrero de piel azul se revolvió y golpeó con fuerza con su hacha, el soldado de Helium aguantó la primera embestida, pero el segundo golpe le hizo soltar la espada, con un tremendo hachazo, le seccionó el cuello, cayendo la cabeza cercenada cerca de donde se encontraba Gladia.
No teniendo tiempo de lamentarse por el destino del jefe de su guardia, la mujer agarró rápidamente la espada que estaba cerca suyo, y con bravura, atacó a su oponente, atravesando un costado de su enemigo, de la herida salió un líquido espeso y blanco, esto pareció enfurecerlo y descargó su hacha contra ella.
Gladia saltó, eludiendo por muy poco el filo afilado del arma, y aprovechando su pequeño tamaño en comparación con su atacante, le dio un certero golpe en uno de los talones de una de las piernas, haciendo que el guerrero de piel azul se desequilibrase, aún así, el antropoide extendió su largo brazo, derribándola con fuerza y haciéndole perder  el aliento y su arma, cojeando, el guerrero levantó su brazo para descargar un último y mortal golpe, y cuando Gladia ya había perdido toda esperanza, escuchó una serie de disparos y varios boquetes en la cabeza del guerrero hicieron que este cayese fulminado.
Pudo ver por encima suyo volar un pequeño esquife con un tripulante y una bestia. El hombre era de piel blanca, alto y fornido, con el cabello oscuro y con una pistola de radium humeante en una mano y una espada colgando de su espalda. De un formidable salto, aterrizando a su lado, justo a tiempo para plantarse delante de dos guerreros azulados.
— ¡Atrás, muchacha! ¡Yo me encargare!

El fiero adversario no parecía nada impresionado por su llegada, y le atacó implacablemente, el hombre de un fabuloso salto se plantó en su espalda y con su espada atravesó el torso de su enemigo, que se derrumbó entre estertores mortales.
Su compañero fue a atacarle, cuando una fiera se abalanzó sobre él, tenía diez cortas y fuertes patas, una cabeza chata con una gran y  amplia boca  y tres hileras de afilados dientes que mordían la pierna del guerrero azulado, aprovechando la distracción propiciada por la criatura, hundió la hoja de su espada hasta la empuñadura en el pecho de su caído oponente.
El hombre acarició cariñosamente a la criatura y este le lamió la cara, se escucharon ruidos de guerreros que se acercaban, y fue entonces cuando Gladia se dio cuenta de que la mitad de su nave estaba en llamas y la mayoría de sus hombres habían caído ante el ataque de los guerreros azules.
El Hombre la agarró de la cintura, además de la criatura que le acompañaba.
 —Tenemos que marcharnos de aquí rápido.
 — ¿Y quién eres tú? Por tu aspecto y tu formas de luchar solo puedes ser…
 —John Carter, príncipe de la casa de Trados Mors, Jeddak de Helium, a tu servicio, dama y ahora ¡vámonos!
Carter dio un potente saltó que los subió a los tres al esquife con el que había llegado.
Algunos guerreros azules comenzaron a disparar unos rifles desde la cubierta, John Carter movió con rapidez su pequeña nave, alejándola de allí velozmente.
Pudieron ver como la inmensa nave se tragaba literalmente la nave de Helium a través de unas compuertas.
La inmensa nave viró y cuando pensó que iniciarían la persecución sobre ellos, hubo como una distorsión a su alrededor, la imagen osciló y desapareció ante sus ojos como si nunca hubiese estado allí.
—Jamás había visto una nave semejante. —Comentó John Carter sin despegar las manos de los mandos de su nave. —Ni unos guerreros como esos en todo Barsoom.
La criatura que le acompañaba le enseñó los dientes a Gladia.
—Woola, quieto, muchacho.
 Carter encaminó su esquife hacía Helium mientras Gladia aún estaba estupefacta.
 —Siento no haberte reconocido, sólo hay una persona con ese color de piel y no roja como la nuestra y que lucha de esa manera, mis disculpas, Jeddak.
 John Carter sonrió por un instante.
 —No tienes porque, muchacha.
 —Soy Gladia  Lyll, hija de Turyk Lyll ¿Qué haces aquí y como has venido al rescate?
 —Una simple casualidad, viajaba para ver a mi viejo amigo Tars Tarkas de los Tharks, cuando he visto en la lejanía el ataque y he acudido raudo al ver que era una nave de Helium.
 La chica se quedó pensativa un instante.
 —Iremos hacia la doble capital de Helium. Serás una invitada en mi casa, Gladia Lyll.
 John Carter se preguntaba de donde saldrían esos misteriosos atacantes con un aspecto no visto nunca antes y esa nave siniestra y mortífera, y que cual era el significado del ataque a una de las naves de Helium ¿Estaban ante una nueva amenaza para la paz del Imperio Heliumita? ¿Cuál era el significado de este nuevo contendiente que había entrado en juego?
Sintió un escalofrío, como si algo terrible estuviese a punto de suceder.
Eran preguntas que de momento quedaban en el aire y que tendrían que esperar a otro momento.
John Carter no pudo ver la enigmática sonrisa de la dama Gladia Lyll, ni como su imagen era vista por un monitor por una figura envuelta en sombras.
El hombre de Jasoom [2]no sabía lo que se le venía encima, era un elemento inestable e inesperado, que no era tolerable, y que debía eliminarse de la ecuación si sus planes tenían que seguir el transcurso que estaba predicho en las sagradas escrituras.
El monitor se apagó, y la figura en las sombras rió con carcajadas escandalosas.














[1] padwar: grado militar similar a teniente.
[2] La Tierra

4 comentarios:

Roberto Cruz dijo...

Interesante relato. Mucha acción y buenas descripciones. Quizas yo hubiese hecho una utilización distinta de los signos de puntación puesto que en algunos fragmentos las frases se me hacen un tanto largas. Pero dominas perfectamente el genero de la espada y la brujeria y eso se nota en relato. ¡Chapó!

Ricardo Corazón de León dijo...

Magnífico! No me gusta normalmente los relatos de naves extraterrestres y de acción, así que iba a dejar de leerlo, pero se puso tan interesante al momento que ya me quedé enganchado. Muy bien descrito el combate. Y un final interesante, doblemente, porque ya tenías un final. Así es mejor.

Ana Morán dijo...

Muy chulo el relato. Capta tanto la esencia de las novelas de Carter, como la narrativa pulp de aquella época.

Y el final de deja con ganas de más. ;)

Tony Jiménez dijo...

Mola mucho y más. De Carter solo he visto la peli y casa perfectamente con el tono que tiene, incluso mejor, porque tu relato es más pulp, jeje, se nota que te gusta el género.

Además, la historia está escrita con cariño que sabes transmitir en cada línea. Lo dicho, mola mucho.