Delbaeth Rising

miércoles, agosto 22, 2012

La ilusión se quiebra...

Eva tenia cubierta la frente de sudor, se secó con su pañuelo y entró cómo pudo por  una de las puertas del servicio del congreso, tal y como solía hacer cuanto tocaba su turno. Las calles adyacentes estaban llenas a rebosar de gente, manifestaciones en contra de las medidas y los recortes que el gobierno llevaba meses haciendo sin cesar, pese al clamor popular, seguían recortando sueldos y derechos.
Eva era una humilde mujer de la limpieza con dos hijos que alimentar y con un sueldo que apenas llegaba para pasar el mes, los comprendía muy bien y ojalá pudiese unirse ellos, pero su familia estaba por encima de todo. Se cambió de ropa rápidamente y enseguida caminaba escaleras arriba con los productos de limpieza. Durante las horas nocturnas, el congreso era totalmente suyo, este pensamiento le hizo esbozar una sonrisa y casi se puso a reír en voz alta.
Comenzó a limpiar los amplios lavabos con la música del mp3 bombardeándole los oídos y tarareaba la canción mientras usaba los productos de limpieza para dejarlo todo completamente limpio.
De pronto, sintió una extraña sensación, el vello se le puso de punta y notó un escalofrío que le recorrió por toda la espina dorsal. ¿Habría alguien ahí? Se quitó los auriculares y durante unos segundos. Nada. Imaginaciones suyas, seguramente; fue a ponérselos de nuevo y a seguir con la faena cuando oyó, esta vez sí, unas voces y unos pasos por los pasillos.
-“Si fuese por mí, les arrancaría su piel y los colgaría de unos ganchos para que aprendieran un poco de modales…”-Dijo una voz que se le antojó con un tono grave y gutural, muy desagradable.
Una risa estridente, que era cómo la de huesos crujiéndose y rompiéndose provino de otra persona se que se hallaba en los pasillos.
-“Pobres infelices, no saben que su destino esta echado, y protestar no servirá de nada, esta todo en el plan”-la otra vez era tan desagradable como la de su compañero de conversación.-“Simplemente es cuestión de tiempo… Lo que no comprenden es que están ya condenados…”
Eva no pudo evitar que la curiosidad le hiciese acercarse a la puerta y poner su ojo a mirar por la mirilla. Eran dos diputados de dos partidos antagónicos, de unos cincuenta y tantos años, uno de ellos con barba y el cabello canoso, el otro calvo y con gafas, delgado y con una sonrisa burlona. Lo reconoció en el acto, era el ministro de economía, probablemente junto al presidente, la persona más odiada del país en esos momentos.
Sus formas parecieron fluctuar, cómo una imagen que se difuminase, y mientras reían, su aspecto cambio. Eva ahogó un gemido al contemplar la terrible visión que tenía ante sí.
 Eran seres grotescamente obesos e hinchados, con la piel pálida llena de llagas y pústulas, su superficie era translucida por lo que se podían contemplar sus órganos internos palpitantes, sus bocas abiertas dejaban al descubierto unos dientes afilados y un hilillo y de babas y vilos que se le derrama por la hinchadas papadas. Se  revolvió, retrocediendo, e hizo un pequeño ruido. Los dos engendros dejaron de reír de inmediato. Miraron hacia la puerta de los lavabos con sospechas, y cuando uno de ellos fue a abrir la puerta, su compañero le detuvo.
-“Vámonos, o empezaran sin nosotros… No tenemos tiempo que perder”
Asintió y ambos se marcharon por donde habían venido. Eva tardó unos minutos en reaccionar, le temblaba todo el cuerpo y un sudor frio le resbalaba por la piel. ¿Estaba enloqueciendo? No podía ser verdad lo que había contemplado.
Asegurándose que no había nadie a la vista, abrió la puerta y aún con el temor en su pecho, cuyo corazón no paraba de latir a toda prisa, decidió echar un simple vistazo y asegurarse de que no fuese producto de su imaginación desbocada.
Bajó las escaleras, caminando por los pasillos del edificio, estuvo durante un buen rato paseando por ellos, hasta que un sonido reclamó su atención. Eran risas y alborotó, como si estuviesen celebrando algún tipo de fiesta o celebración.

Provenía de la sala de reuniones del gobierno, por una puerta entreabierta escapaban los sonidos de la gente que allí se encontraba ¿Qué podían estar celebrando tan efusivamente? Con mucho cuidado, se descalzó y se arrastró hasta llegar a las puertas y por la rendija vio algo que la dejó helada.
Alrededor de la larga mesa, se hallaba todo el gobierno central, todo lleno de platos y fuentes, repletas de alimentos y bebidas. Su forma cambiaba varios segundos, tornándose en las criaturas abominables y abotargadas que vio anteriormente, y con horror contempló lo que estaban comiendo realmente; restos de cuerpos humanos, que eran degustados como si fuesen una delicatesen.
Alrededor de ellos, la realidad parecía cambiar, las altas paredes de la sala se transformaban, tornándose en un lugar repulsivo, oscuro y lleno de sangre, con cuerpos colgados de ganchos, y con el vomito a punto de salir de su estomago, se dio cuenta de que estaban vivos en ese estado.
Le llegó el hedor de los cuerpos en descomposición….el nauseabundo olor de los cuerpos.
Reían alrededor de los pobres desgraciados que ardían y gritaban cuando les era seccionado un trozo de carne.
-“Oh, delicioso… Si estos infelices supieran la verdad… Los mercados, los gobiernos, todo el sistema, su desgracia, su pobreza, todo es tal y como lo deseamos. El mundo está herido de muerte y nosotros nos alimentamos de la podredumbre y el caos que lo está rodeando, cuanto más se hunde en la miseria, mejor para nosotros…”

Esto les hizo tanta gracia que alguno estuvo cerca de atragantarse con un trozo de carne.
-“Es gracioso como algunos tratan de resistirse, pero no les servirá de nada, ellos mismos han creado y apoyado lo que ocurre… Y ya no pueden revertirlo... las naciones se colapsaran, y su angustia será nuestra fuerza y nuestro alimento.”-dijo una de las ministras mientras arrancaba un par de dedos de la mano de un cadáver.
El presidente dio dos palmas y por la puerta de servicio aparecieron un puñado de jóvenes universitarios.
-“ah, la juventud, ese divino placer…No nos miréis así, os ahorramos una vida de fracaso, penalidades y pobreza….”
Los despedazaron, luchando por los pedazos como animales…los devoraron como un manjar, engullendo con ansia, con saña y gula.
Eva sintió que se mareaba. Tenía que huir de allí, contar la verdad a todo el mundo…
Una mano se posó en su hombro y le dio la vuelta. Uno de los ministros sonrió, mostrando una hilera de dientes similares a los de una piraña y al hacerlo, su aspecto se deformó hasta adoptar la forma obesa y repugnante que todos ellos tenían.
-P-por f-favor, n-no m-me h-haga daño… suplicó casi sin voz Eva.
La criatura la miró con curiosidad, asemejaba la manera en que un depredador observaba a su presa antes de cazarla.
-“No tengas miedo, querida…Te estoy librando de una agonía en vida, la que todos los habitantes de este mundo están abocados a soportar…”
Los lamentos de Eva quedaron ahogados por las carcajadas desagradables de la criatura antes de comenzar a devorarla…

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